Los genitales están conectados a diversos pares de nervios, y cada uno de ellos inerva una parte distinta del área genital, es decir, transporta los impulsos nerviosos desde esta parte en concreto. La estimulación de distintas combinaciones de estos nervios produce, a su vez, distintas combinaciones de sensaciones.

En función de qué parte de los genitales están siendo estimuladas y de la intensidad relativa y el tipo de estimulación, los orgasmos pueden ser muy distintos en una misma persona.

Para una mujer, la calidad sensorial de un orgasmo depende de dónde tiene lugar la estimulación: el clítoris, la vagina o el cérvix. El clítoris está conectado principalmente a los nervios pudendos; la vagina, a los nervios pélvicos; y el cérvix a los nervios hipogástrico, pélvico y vago.

Aunque la estimulación de cada una de estas zonas puede, por si sola, producir orgasmos, la estimulación combinada de dos o tres regiones da como resultado un efecto aditivo, produciéndose un orgasmo más general, lo que se describe como un “orgasmo global”.
En el caso del hombre, los nervios pudendos transportan los impulsos nerviosos desde la piel del pene y el escroto, y los nervios hipogástricos lo hacen desde los testículos y la próstata. Por lo tanto, la estimulación de estos grupos nerviosos puede ocasionar sensaciones de algún modo distintas.

Para muchas personas, sus zonas erógenas se extienden más allá de los genitales. La localización de dichas zonas es sorprendentemente diversa y depende, en gran medida, de cada persona. La estimulación de las zonas erógenas personales sueles afectar enormemente la intensidad de los orgasmos. Sin embargo, éstos no se ven afectados sólo por factores sensoriales, sino también por factores cognitivos, psicológicos, como el enamoramiento, las preocupaciones, la relajación, la medicación, etc.

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